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Autor: malabesta
Fecha: 21/08/2008.
Zohan: Licencia para peinar
Digerido por malabesta Aunque se me caiga el cielo encima y la sociedad por la defensa de la neutralidad y los buenos valores venga a por mí, no me queda más remedio que advertirles: "Zohan: Licencia para peinar" es muy mala.
Zohan (Adam Sandler) es el mejor, más playero, saleroso y discotequero agente de la Mossad israelí, pero su existencia de playas, acción y mucho hummus no lo satisface. Zohan realmente desea convertirse en peluquero. Así que cuando está a punto de capturar a Fantasma (John Turturro), un peligroso terrorista palestino, decide fingir su muerte y emigrar -como todo el mundo- a Nueva York, a probar suerte. Después de un inicio accidentado, termina encontrando trabajo en el salón de belleza de Delia (Emmanuelle Chriqui), palestina para más inri.
Víctimas de mi prosa ágil, pensarán ustedes: un ex-agente de la mossad que oculta su identidad, su jefa palestina, ambos en el "pequeño oriente medio" neoyorquino... qué interesante sustrato para una farsa política. No. La mayoría de los chistes de "Zohan: Licencia para peinar" se centran en la entrepierna de Adam Sandler, en lo enorme de su dotación y el habitual uso que le da. Digo yo que para eso daba lo mismo, bien podría haber sido de la Cofradía de los Javieres, o fontanero, que los chistes de herramientas y cañerías quedan más a mano. Se lo digo desde la experiencia, uno puede llevar una vida plena y feliz sin verle el culo a Sandler, carnes en las que la película se recrea. Da muestra además de las normas de buen gusto -o tabúes, si quieren- que reinan en el mundo del cine. Como verán en el afiche, Zohan comparte la belleza con el oso, y orgulloso está de ello. Ahí lo tienen, con esas piernas que espantan a las cuchillas; eso sí, por arte de magia y maravilla natural, sus nalgas son lampiñas como dos melones.
El problema no es que se trate de humor burdo, de dudoso gusto o frívolo, que Martes y 13 han hecho reír a muchos con eso, el problema es que no tiene ninguna gracia. Quizá sea porque en España carecemos del estereotipo del judio metrosexual anclado en los ochenta, o porque los chistes de destape aquí ya han caducado (que ahora lo de salir desnudo es una cosa muy seria), pero si la película tenía chispa, algo se perdió en algún punto del Atlántico. Sólo sacan del tedio al espectador los escasos momentos en los que "Zohan: Licencia para peinar" se hace más política, saca el humor intifada -y aunque el final concluye con la ñoñez que era de esperar- y reparte estopa por igual a judios, palestinos y su eterno conflicto. Como dice uno de los familiares del protagonista, "Llevamos más de dos mil años enfrentándonos, esto tiene que estar a punto de acabar".
De entre los tres, el que más rendimiento le saca a sus escenas es Turturro, que desde luego tanto vale para un roto como para un descosido. A mitad de metraje hace una parodia de "Rocky" muy inspirada, y aunque quizá esté un poco pasado de vueltas (y sufra mucho de la chorrada de guión) en general, se salva de la debacle general. Sandler y Schneider no tanto, y aunque por lo visto -ya que se ganan bien la vida con ello- son muy graciosos, en ésta a mí se me han escapado. Por motivos evidentes hay que destacar a Emmanuelle Chriqui; a pesar de que su personaje es un accesorio, pues alegra bastante el asunto.
En fin, una comedia que aspira a mediocre y falla. Recomendada para los que sigan necesitando a Ruper.
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