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Autor: malabesta
Fecha: 07/06/2009.
Terminator Salvation
Digerido por malabesta Parece ser que no las tenía todas consigo a la hora de firmar para "Terminator Salvation", pero gracias a la promesa de que el punto fuerte de la película no iban a ser ni los tiros ni los efectos especiales, sino los personajes, McG (el director), convenció a Christian Bale. Que le devuelvan el dinero.
McG ha sabido rodearse del tipo de profesionales que elevan su labor: los guionistas Michael Ferris y John D. Brancato ("Catwoman" y "Terminator 3: La Rebelión de las máquinas") se esfuerzan tanto en ser mediocres (diría que se quedan un poco por debajo) que consiguen que la labor del director -y estamos hablando del responsable de "Los ángeles de Charlie II"- sea salvable.
"Terminator Salvation" es un refrito pop de sus tres predecesoras junto con "Matrix" y "Mad Max", sazonado con un poco de existencialismo barato y algún burdo intento de debate filosófico/moral que es arrojado a la cara del espectador como si de un pescado de Ordenalfabétix se tratase, y con la misma frescura, por cierto. Resumiendo: en el postapocalíptico futuro de turno, John Connor (Christian Bale) es uno de los líderes de la resistencia humana contra las máquinas, que se encuentra con Marcus (Sam Worthington) un hombre que podría ser un infiltrado de su enemigos mecánicos, pero que a la vez tiene la clave para rescatar a Kyle Reese (Anton Yelchin), el futuro padre de Connor, ahora un postadolescente.
Como en muchas otras obras, en ésta también los actores se hablan los unos a los otros diciendo cosas como "todo hombre necesita una segunda oportunidad", "eres una buena persona pero aún no lo sabes" y otros intercambios acartonados sólo posibles en un mundo que en lugar de haber sobrevivido a un holocausto nuclear dirigido por un ente cibernético lo ha hecho a una explosión en la imprenta de las novelas de Corín Tellado. Luego el conflicto entre los protagonistas es prácticamente inexistente -salvo en la última media hora- y está mal llevado. No hay un antagonista claro, de la misma manera que tampoco hay un hilo conductor. Todo se limita a los personajes corriendo de un lado a otro para que, en cuanto lleguen, tengan que escapar de allí perseguidos por una nueva oleada de pintorescos androides. A los tradicionales terminators se añaden también robots gigantes y una especie de motos con muy mal café y que les juro que usan los mismos efectos de sonido que "Transformers".
Para cuando aparece en el horizonte un fin claro que guíe la historia, ya es un poco tarde; tampoco ayuda que la resolución final de todo el embrollo sea un poco chapucera, a base de sacarse cosas de la manga a diestro y siniestro (esto es, de las dos mangas). Incluso un cameo de Arnold Schwarzenegger metido con calzador pero que con todo, es casi lo mejor de la película, aunque sólo sea por ver lo bien hecho que está.
Por suerte para él McG más o menos salva los bártulos a base de cierta artesanía para aproximarse a las escenas de acción, rodadas de manera muy fluida y continua. Aunque resulta ligeramente decepcionante que, después de un inicio casi hasta brillante, la cosa se quede en normalita. Pero al menos consigue que en líneas generales la película sea entretenida, y uno hasta se olvide un poco de ciertos detalles un poco serie B que se les escapan por ahí (la central de SkyNet parece más bien el escenario de un vídeo de AC/DC que otra cosa) y que no quedan nada bien en una película de este presupuesto.
Eso sí, señores lectores, si le han echado un ojo a esta crítica antes de ir al cine, fíjense por cierto en la aparente fijación que McG tiene con las botas de la gente (y que probablemente esté relacionada con que Oakley ha puesto ahí unos duros de publicidad). He sido incapaz de contar cuántas veces John Connor tiene que saltar de un sitio a otro (al parecer en el futuro no hay escaleras), acción que siempre se resuelve con un primer plano de sus pies tras aterrizar y que sube hasta ofrecernos una imagen de su cara.
Christian Bale, en su línea de tomarse muy en serio a sí mismo (ahí está el famoso broncazo, amenazas incluidas, que le echó al director de fotografía), termina haciendo un poco lo de siempre. Si alguien es capaz de distinguir -más allá de las ropas- a John Connor de Bruce Wayne que me avise. Sam Worthington, que parece que será la próxima gran estrella australiana, cumple, nada más.
En fin, una película un tanto decepcionante pero que se deja ver. Recomendada para todos aquellos que aún no se han pasado al cepillo de dientes eléctrico.
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