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Autor: farrell
Fecha: 18/05/2008.
Sentencia de muerte (Death sentence)
Digerido por farrell Si es que la sociedad americana es muy violenta. Sí, seguramente encuentren esta idea desarrollada en cientos de críticas, o alguna, y se quedarán los susodichos tan anchos justificando así la castaña pilonga que es esta “Sentencia de muerte”. Deberían los cineastas hacer algún tipo de juramento ético-moral comprometiéndose a no marear la perdiz haciendo perder el tiempo a los espectadores, porque si una película es de tiros y ya está pues muy bien, pero es de bastante mal gusto querer hacerle un traje de thriller dramático y luego rematar la trama con media hora de disparos a la carta.
La historia arranca medianamente bien, con retrato de familia norteamericana feliz que ve truncada su felicidad, en este caso por la violencia indiscriminada de las armas de fuego. Una historia ya contada millones de veces pero que parece seguirá su estructura como Dios manda y tendrá su mensaje. Mentira cochina. Lo peor de esta película es que empieza siendo “La fuerza del cariño” y termina por convertirse en la venganza de Puerto Urraco, dos historias completamente diferentes que el director ni siquiera trata de ensamblar mínimamente para darles verosimilitud: Nick Hume (Kevin Bacon), el padre de familia, decide convertirse en un asesino en serie tras la misma reflexión que ustedes cuando deciden entre agua fría o del tiempo.
Además, el punto de partida de “Sentencia de muerte” no tiene tampoco ni pies ni cabeza porque al parecer, según el guionista, en Estados Unidos si alguien mata a tu hijo (el asesino pertenece a una banda de asesinos, por cierto) y sólo estás tú de testigo, el culpable puede salir prácticamente indemne. Toma castaña. Tras ver esto, al espectador con dos dedos de frente ya no le importará si el pobre padre decide tomarse la justicia por su mano o dedicarse a las danzas orientales porque la historia habrá perdido toda credibilidad.
Decir además que el guión es absolutamente simploide, haciendo a los personajes absolutamente nada creíbles. Los malos son malísimos de cómic, no tienen corazón ni alma ni quieren a nadie. La familia protagonista es perfecta, y como al director no le pareció creíble tanta perfección, se saca ahí unos minitraumas-remordimientos en el hermano menor y el padre que dan risa. Por no hablar de la actitud de la inspectora de policía interpretada por Aisha Tyler, que se dedica a dejar que los malísimos maten a todo el mundo porque, al parecer, la policía no puede hacer nada.
Recomendada para los que creen que si te dan una pistola ya dejas de tener conciencia. Y para los que recuerdan a Charlton Heston sólo por su imagen con el rifle en la mano.
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