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Autor: malabesta
Fecha: 05/10/2007.
Un plan brillante
Digerido por malabesta “Un plan brillante” recobra el estilo de todo un género de películas de los sesenta, las de atracos y robos varios, que la verdad es que nunca han llegado a pasar de moda. Aunque en absoluto es mala, si Hitchcock levantara la cabeza, vería que aún le sobra el trabajo.
Laura Quinn (Demi Moore) es una ambiciosa directiva de una empresa que se dedica a la explotación de minas de diamantes en Sudáfrica. En los años sesenta, es la única mujer en un cargo de responsabilidad dentro de la compañía, y está un poco harta de ver cómo hombres menos cualificados que ella ascienden más rápido. Después de solucionar un grave problema comercial, en lugar de premiarla se entera gracias a uno de los limpiadores, el Sr. Hobbs (Michael Caine), que lo que pretenden es despedirla. Entre ambos planean asaltar la caja de seguridad donde se almacenan los diamantes, una para vengarse y el otro para retirarse tranquilamente.
Después de muchos años de cine, las películas de robos –que más o menos han sido una constante a lo largo de toda la historia del medio- necesitan un alto grado de complejidad, por un lado para superar a las demás y por otro para que resulte creíble que en un mundo en el que todo el mundo lleva una cámara de fotos en el bolsillo con la que vender exclusivas, alguien pueda atracar una instalación de alta seguridad. “Un plan brillante” se deshace de estos problemas gracias a su ambientación sesentera; la mayor complicación técnica del latrocinio será vencer el último grito en instalaciones de vigilancia: la cámara en blanco y negro.
Aunque no es el acto en sí el centro de la trama, más bien la película se basa en el antes, cómo los dos personajes deciden aunar esfuerzos, y el después, cómo ambos consiguen aprovechar tan complicado botín y evitar a los investigadores y policías. Lamentablemente, “Un plan brillante” empieza bastante bien, metiendo rápidamente al espectador en la historia gracias al tema del robo, pero una vez que las cosas deberían empezar a ponerse interesantes, pierde un poco de fuelle.
Por un lado, nunca nos llegan a explicar el plan, por lo que cuando surgen los inevitables imprevistos, el espectador nunca se llega a sentir intranquilo, porque al fin y al cabo no sabe si aquello estaba previsto o no. Luego se pierde bastante en su desenlace, que explicado en parte a través de las investigaciones del inspector Finch (Lambert Wilson) resulta casi completamente verbal, con todos explicando qué ha pasado o qué van a hacer. También calza hacia el final una moralina un tanto artificial y apastelada.
Resulta al final una especie de “premake” de “Plan oculto” (no creo que sea casualidad la similitud/diferencia de los títulos en castellano), pues expone en otra época una premisa bastante parecida: el robo perfecto -contando en gran parte a través de la investigación posterior- de unos diamantes a un ente comercial malo, pero malo, malo.
A veces “Un plan brillante” resulta un poco infantil, más allá de la moralina de “Los Lunnis”; por ejemplo, los grandes directivos de la empresa y su asociados comerciales son todos gordos y feos, mientras que a medida que crece la supuesta fibra moral del personaje, también lo hace su encanto físico. Entre lo feos que son y lo dudoso de sus prácticas comerciales, el espectador no tiene mucho problema en identificarse con unos delincuentes; vamos, como si el Dioni le hubiese robado a Mario Conde o a Julián Muñoz.
Michael Caine viene a repetir un poco su papel de los últimos años, y con eso le basta para ser el mejor de la película. La resucitada Demi Moore tampoco está nada mal, y al fin parece que va a aceptando que el tiempo también pasa para ella y sus personajes.
En fin, una película que sin ser excepcional al menos es agradable. Recomendada para amantes de lo ajeno y de lo añejo.
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