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Autor: malabesta
Fecha: 22/12/2007.
Pelotas en juego
Digerido por malabesta A pesar de que después de "Nacho libre", "Patinazo a la gloria" o "Pasado de vueltas" uno se teme lo peor, no está preparado para "Pelotas en juego". Y eso que en este año cargado de remakes, adaptaciones de series, recuperación de sagas clásicas y reinicio de otras parece mentira que una película pueda sobresalir. Podría quejarme por la traducción de "Balls of fury", pero para qué engañarnos, el título es el menor de sus problemas.
Randy Daytona (Dan Fogler) es un prometedor campeón adolescente de ping-pong, que en la gran final mundial sufre el ridículo de su vida, lo que lo deja convertido en un fracaso ambulante que se gana la vida en espectáculos de variedades. Cuando el agente Rodriguez (George Lopez) recurre a él para que se infiltre en el torneo secreto que organiza Feng (Christopher Walken), el misterioso señor del crimen, Randy ha de recurrir al entrenamiento especial del maestro Wong (James Hong) y a la ayuda de su escasamente vestida sobrina Maggie (Maggie Q). Efectivamente, puede parecer una bastardización de "Operación dragón" y sinceramente yo desearía que lo hubiese sido; la realidad es mucho peor.
"Pelotas en juego" es un sinsentido escalonado que va pasando por los tópicos del género de deportes/artes marciales como quien pasa el dedo por la lista de la compra. No hay un hilo conductor, no hay una gran trama, y por haber no hay ni motivos para la mitad de lo que ocurre, pero el caso es que no falte la parodia burda y muy poco graciosa de las clásicas escenas de entrenamiento musical, el duelo final y demás.
Al igual que en "¡Maderos 091!", pero mucho peor, Robert Ben Garant parece no haber hecho demasiado bien la transición de la tele al cine, y "Pelotas en juego" parece exactamente una concatenación de skteches televisivos con el único objetivo de sumar hora y media. Muchas veces da la impresión de que las escenas son puro relleno, y no faltan los momentos en los que -sin venir a cuento, es decir, a mucho menos cuento que el resto de lo que pasa- los protagonistas se ponen a bailar. Añádanse unos créditos finales de al menos diez minutos en los que hay una pequeña coda (no se molesten en aguantar, es tan poco divertida como el resto de la película) y ya se tiene el metraje necesario para que el público no queme las butacas por haber pagado la entrada de tamaña nadería.
En fin, un desastre, recomendado sólo a la fuerza.
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