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Autor: malabesta
Fecha: 06/09/2007.
Los ojos del mal
Digerido por malabesta Para comenzar esta crítica de “Los ojos del mal” no he podido encontrar mejor resumen que el de la crítica de Mark Pfeiffer en “Reel Times”, que comparto totalmente. Traducido dice: “Suponiendo que no haya más sorpresas durante los créditos, la imagen final de la película es un perro meando en la cuenca de un ojo. No hay mejor manera de describir la experiencia que es ver esta película”.
El absurdo que es "Los ojos del mal", tras los inevitables asesinatos de los primeros minutos “para enganchar”, comienza cuando cierta penitenciaría americana decide que no hay mejor manera de ayudar a la reinserción de sus delincuentes post-adolescentes que hacer que ocho de ellos, cuatro hombres y cuatro mujeres, pasen un fin de semana restaurando un hotel abandonado, vigilados por dos guardias (uno de ellos manco). Debe de ser una prisión bastante moderna, porque ellas van con camiseta de asas y tacones y ellos con deportivas.
Por supuesto, en el dichoso hotel vive Jacob Goodnight (interpretado por Kane, luchador de la WWF o algo similar), una especie de Norman Bates puesto de esteroides que debido a sus múltiples traumas infantiles se dedica a ir por ahí arráncandole los ojos a la gente.
El director de “Los ojos del mal” es Gregory Dark; si miran su ficha en la IMDb verán que el hombre ha dirigido películas con títulos como “Between the cheeks” (algo así como “Entre las nalgas”) o “Animal instincts”. Está por tanto curtido en el porno, con diferentes escalas de dureza. En esta película más o menos sigue las reglas del género sin ropa, pero incluyendo otro tipo de perforaciones y subiendo el volumen de los quejidos de los protagonistas. Igualmente la historia es una excusa para hilar las diferentes muertes, y éstas lo son a su vez para que el protagonista haga lucimiento de su físico.
A pesar del ejemplo de The Rock, mucha gente pensará que un luchador profesional no puede estar dotado para la actuación. El reparto de “Los ojos del mal” demuestra lo contrario. Los veinteañeros protagonistas son tan sumamente malos que hacen que Kane llegue a parecer Steven Seagal o Tom Berenger. La labor del director también echa una mano, porque en ningún momento veremos al mastodóntico protagonista con iluminación frontal. Siempre le toca una bombilla de lado o por encima, de manera que es imposible verle la cara; asume uno así que en esa oscuridad alguien ha movido una mejilla.
En fin, una película extraordinariamente mala, cuya única salvación radica en que dura ochenta minutos. Recomendada para gente con el sueño fácil.
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