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Autor: malabesta
Fecha: 30/01/2008.
John Rambo
Digerido por malabesta ¿Se acuerdan de aquella escena en "Rambo" en la que el protagonista asalta un campamento de chamizos del vietcong él solito? Pues ya han visto "John Rambo" entera.
Sin duda mucha gente verá la saga de Rambo como quien se ve un chicle pegado en la suela, pero la verdad es que para crear un personaje tan icónico y perdurable como para que su nombre se convierta en un adjetivo hay que tener cierto talento y no menos olfato. Y aunque es cierto que "Acorralado" es la mejor película de todas ellas, a la construcción del mito contribuyen tanto o más las otras dos partes, que intentan compensar lo que les falta de cine apilando muertos. Y "John Rambo" sigue su ejemplo, y es la que más difuntos genera.
La historia es simple: el mejor discípulo del Coronel Trautman vive retirado tranquilamente, cuando unos misioneros americanos lo contratan para que los introduzca en Birmania, país arrasado por la guerra civil, con el fin de llevar alimentos, medicinas y asistencia médica. Por supuesto, son secuestrados por el guerrillero -aunque sea agente del gobierno- local y el único que va a poder rescatarlos no es ni más ni menos que Rambo.
Para ser una película de acción, resulta bastante poco satisfactoria: la técnica habitual -y típica de las partes anteriores- es presentar a un antagonista para Rambo sádico, violento y malo pero malo, malo; en "John Rambo" el personaje en cuestión ni nombre tiene. Carece completamente de personalidad, no habla y sus maldades se disuelven en las tropelías de sus innumerables secuaces. Así que cuando por fin Stallone le da lo suyo y lo de un pariente, el público no puede distinguir su final de las innumerables desmembraciones que pueblan la cinta. Al resto de la comparsa le pasa lo mismo; los misioneros son unos desconocidos para el espectador, que por lo tanto no podría preocuparse menos por su destino. En lugar de médicos y religiosos podrían haber sido inspectores de hacienda, y la empatía no hubiese sido menor.
Además, por primera vez, junto al protagonista aparecen unos mercenarios que reparten tanta estopa y plomo como Rambo; ¿qué ha sido del luchador sigiloso capaz de comer cosas que harían vomitar a una cabra? En "John Rambo" es uno más de un montón, y gracias a la casquería probablemente lo que vomite no sea una cabra.
Y el mensaje filosófico/moral que se supone transporta: que si la violencia es buena o mala, que si la guerra es inherente al ser humano, no somos nadie, etc. es bastante superficial; se limita a contraponer a los misioneros con Rambo (con mucha colaboración por parte del espectador, que ha de rellenar los silencios de Stallone con lo que ya sabe del pasado del protagonista, porque decir no dice un pepino) y más bien sirve de excusa para esos dos o tres diálogos que se oyen entre los disparos y las explosiones.
La dirección, también de Stallone, es bastante irregular. Mientras que en general no es una buena película de acción, es cierto que tiene algunos momentos -como la invasión del pueblo en el que están los misioneros por los guerrilleros- pero que se terminan perdiendo en un ritmo bastante irregular. Eso sí, gracias a que dura hora y media escasa, en la que se reparten más de doscientas muertes, resulta complicado aburrirse.
En fin, una continuación de la saga bastante decepcionante. Recomendada para los que nunca hayan visto a Stallone con camiseta.
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