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Autor: malabesta
Fecha: 06/10/2008.
Death race: La carrera de la muerte
Digerido por malabesta "Death race: La carrera de la muerte" es una película ambientada en torno al año 2012, en el que la economía americana ha colapsado y el país es una realidad distópica regida por grandes corporaciones. Se trata de un remake de "Death race: 2000", que rodada en el setenta y cinco, al menos nos daba veinticinco años de plazo antes de que todo se fuese al garete. Desde luego, el futuro cada día está más cerca.
En la original, protagonizada por David Carradine, la carrera del título aludía a un sangriento deporte televisado en el que los participantes tenían que atravesar el país atropellando y matando al mayor número de peatones posible. "Carmaggedon" (ya saben, aquel videojouego que iba a convertir a todos nuestros adolescentes en psicópatas) no era más que una recreación de este deporte. En "Death race: La carrera de la muerte", se conserva el trasunto televisivo, pero ahora la cosa está mucho más cerca de una partida de "Mario Kart", con mucha mala leche, eso sí.
Por muy mala y pulp que fuese la de Carradine, tenía algo ese espíritu ejemplificador y de crítica presente en casi toda la ciencia ficción, una suerte de exageración futurista de los aspectos más -a juicio de los autores- reprochables de nuestro presente. En cambio esta nueva versión se trata simplemente de una película de carreras (o cárceles, o lo que quieran) en el futuro. Puestos a buscar en el refrito que es, uno se puede encontrar con ingredientes de "Evasion o victoria", "Perseguido", "Mad Max" y hasta "Cadena perpetua", si me apuran.
La historia es simple: Frank (Jason Statham) es un ex-piloto de carreras al que se le acusa injustamente del asesinato de su mujer. En la cárcel en la que pasará su condena se celebra la Carrera de la Muerte, una competición en la que unos cuantos reos compiten con coches modificados y atiborrados de armas; como premio, la libertad. Es el negocio de Hennessey (Joan Allen) dueña de la prisión, pues la emisión del evento atrae a millones de televidentes. Tras ver cómo Frankenstein, su piloto estrella, se ídem, decide ofrecerle a Frank la oportunidad de correr con el mismo coche y la misma máscara, manteniendo así la audiencia ella y consiguiendo estar un paso más cerca de la libertad él.
Si uno es poco remilgado y puede pasar por alto todo esto, se entretetendrá. Paul W. S. Anderson no es un gran director, pero en ésta al menos se las apaña para que las escenas de acción y las carreras (un 80% del metraje) sean emocionantes y mantengan cierto interés, aunque se vea a la legua que repite ciertos planos hasta la saciedad (Statham cambia de marcha y mira al copiloto unas quince veces por minuto).
Las actuaciones son lo que uno espera. Jason Statham parece que es ya el único héroe de acción que queda, y aunque es de facciones marmóreas y registro limitado (así en plan "mirada acero azul"), para lo que está bien vale. Joan Allen viene a hacer lo mismo que en las de Bourne, pero ahora grita cosas diferentes ante las mútliples pantallas y a la nueva del equipo, Natalie Martinez, le toca el papel de copiloto florero.
En fin, una película que entretiene al que quiere entretenerse, y nada más. Recomendada para amigos del "no corras papá".
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