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Autor: bronte
Fecha: 29/07/2007.
Cuatro minutos
Digerido por bronte "Cuatro minutos" es como un manual de instrucciones en japonés. Impresiona mucho, seguro que tiene mucho sentido, pero no se entiende nada. Sin negar el buen momento del cine alemán, colocar a este filme a la altura de películas como "La vida de los otros" es algo temerario. "Cuatro minutos" cuenta la historia de una joven encerrada en una cárcel y de su profesora de piano. La profesora es un tipo Señorita Rottenmeyer y pronto se descubre en la trama que la presa fue en sus tiempos una niña prodigio del piano. La publicidad de la película indica que "dos mujeres totalmente opuestas se verán obligadas a entenderse", pero, ¿por qué?
¿Qué impulsa a esa chica a querer retomar el piano, si la vida la ha tratado tan mal, y si se pasa toda la película diciendo que no quiere tocar, viéndose forzada toda la historia a hacerlo? ¿Por miedo? ¿Miedo al fracaso? ¿Miedo al escenario? ¿Miedo alguien que va pegando por ahí palizas? ¿Miedo alguien que se echa sola a la vida y no quiere saber nada de nadie? ¿Por qué la profesora se ve obligada a tutelar e imponer el talento de la chica e intenta justificar esa actitud recordando a su amor de la juventud, que tocaba el piano más o menos como la zambomba? ¿Qué tiene que ver su pasado, que es el de su país, con el hecho de enseñar piano a las presas? ¿Qué edad tiene en realidad esa mujer? ¿Por qué el padrastro de la chica habla de su relación con la misma como si estuviera comiendo castañas? ¿Por qué la maestra trata tan mal al guarda que ha comprado el piano en el que ensaya la niña prodigio aplasta-calaveras? ¿Y por qué trata tan mal a una niña de siete años? ¿Qué tiene que ver el lesbianismo con todo esto? ¿Es por qué hace bonito?
"Cuatro minutos" es una de esas películas hechas para impresionar, aunque repasada con calma en realidad no habla de nada, porque no es más que la conjunción o "arrejuntamiento" de diferentes situaciones dramáticas que nunca llegan a conformar un todo. Como historia es bastante floja y parece que tira del piano porque al director le parece que le da para un buen plano. Y porque rima. De ahí el aspaviento final en el que Chris Kraus se deleita mostrándonos a Hannah Herzsprung, literalmente aporreando el piano. Literalmente. En vez de respetar al pobre Schumann, la presa prodigiosa prefiere hacer su propia versión porrompompera, acabando la escena con un estruendoso aplauso del público allí presente que al principio pone cara de como que no, pero que tres segundos después reconoce estar ante un genio percusionista. La maestra que maltrata a las niñas pequeñas, ya puede morir tranquila.
Recomendada para gente que aporrea lo que se le ponga por delante.
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