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Autor: malabesta
Fecha: 21/03/2008.
Como la vida misma
Digerido por malabesta Parece ser que Steve Carrell es el tío más gracioso del mundo mundial, y yo aún no me he dado cuenta. En “Como la vida misma” repite más o menos su papel de “Virgen a los 40”, el buenazo torpón que se enamora. Aunque gracias a Dios esta vez se pasa toda la película con la camiseta puesta.
La historia es simple: Dan Burns (Steve Carrell) es un padre de tres hijas, joven y viudo. De camino a la reunión familiar anual de los Burns, se para en una librería, en la que conoce a Marie (Juliette Binoche), de la que se enamora. Sorpresa cuando descubre que Marie es la novia de su hermano Mitch (Dane Cook), y que en la reunión a la que se dirigía será presentada en sociedad.
El personaje de Marie es la mujer deseada de la película, y a mí me gustaría saber por qué. Cuando Dan la conoce tiene una ristra balbuceante de diálogos que más bien la hacen parecer la hermana francesa de Woody Allen, y a partir de ese momento y durante media hora o más, se limita a “estar ahí”, haciendo algo que maravilla a toda la familia de los protagonistas pero que no aparece en pantalla. Este hecho llama la atención especialmente a la vista del tiempo que se dedica a describir a Dan y alrededores, lo mal que le va y cómo lo trata su familia, todo para que empaticemos con él, que al fin y al cabo sólo quiere un amiguito, un hogar y mucho amor. Digo yo que si se va a enamorar, lo mismo nos podían explicar de qué, porque bien podrían haber sustituido a Juliette Binoche por un jarrón, un maniquí o la muñeca hinchable Wilt y la verdad es que (quizá con un ventrílocuo) de por medio, no se notaría mucho.
Salvando esto, el guión está bastante bien dentro de su convencionalidad. Pocos sobresaltos guarda “Como la vida misma”, nada sorprende y al final se consumen las perdices que uno espera durante toda la película. Tiene un par de momentos divertidos, que más que nada tiran de la vis cómica de su protagonista, y en general los diálogos son bastante rutinarios. Aunque a veces resultan un poco artificiales. Compréndanlo, darle vida a toda una familia (que deben ser unos nueve) en la mesa a la hora de cenar es complicado. Hasta en la última cena sólo hablaban tres o cuatro, y el guionista era de potencia.
Del reparto, dueño de unos papeles sin mayores exigencias que la de saberse los diálogos, sólo cabe destacar a Carrell, que más que interpretar, encarna a su personaje. Binoche, por otro lado, está bastante mediocre y quizá no le dé el carisma, encanto o atractivo (lo que usted prefiera) a su personaje para explicar que los hermanos Burns hagan el cortejo de la avutarda.
En fin, una comedia normalita. Recomendada para gente con enfermedades del corazón.
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