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Autor: sensillo
Fecha: 02/05/2006.
Wonderful days
Digerido por sensillo Ambiciosa producción en la que invirtieron dinero y sudores coreanos y estadounidenses. Tanto tiempo y energía empleados, que alguien se debió olvidar de pagarle a los guionistas. He aquí su legado, lleno de rencor.
“Wonderful days” es otra película más que nos advierte del negro y sucio futuro que nos aguarda si seguimos despilfarrando energía y contaminando el planeta para hacer películas de animación que requieran de un uso intensivo de la tecnología informática. En un futuro no demasiado lejano, la humanidad ha sufrido una hecatombe de connotaciones bíblicas. De entre las aguas emerge una próspera ciudad que necesita de la contaminación para seguir creciendo. Fíjense en lo elaborado del guión, que no es que la industria de la ciudad contamine, sino que la misma contaminación es la materia prima. Seguramente hicieran buenas migas con sus ciudades vecinas, la que se alimenta de maldad destilada y la otra, la de las patadas en la ingle.
Fuera de la ciudad malviven los descastados, genéticamente impuros, que trabajan en condiciones españolas mientras rumian una revolución que acabe con la opresión y con la película. Para tan noble causa, rápidamente gozaron de todas mis simpatías.
La historia, además de estar ya más que vista, es muy simple, pudiendo haber sido gestada en una sociedad prerrudimentaria y transmitida de padres a hijos por tradición gestual. Y a pesar de ello, se embarulla al contar en torpes flash-backs lo que a nadie interesa, haciendo oscuro lo que debería ser claro. Y sus escenas de acción tampoco llegan a funcionar del todo bien en ningún momento.
Uno de los principales reclamos de la película es sin duda su apartado visual. Evoca instantáneamente el mundo del videojuego, al igual que “Final Fantasy”, película del mismo jaez con la que comparte no pocas cosas. Y padece asimismo de los mismos vicios que padecen gran parte de los lanzamientos para la consola: un impactante envoltorio gráfico que no logra ocultar la ausencia de ideas propias que aportar. Y aún así, pronto empieza a cansar su arriesgada propuesta de insertar personajes de dos dimensiones tradicionales en un entorno tridimensional.
El ritmo transcurre a trompicones, pero en general es lento y muy tedioso de seguir. Pero lo que realmente alimenta los bostezos es la actuación de unos personajes vacíos a quienes el guión no consigue dotar de vida ni emoción. Rubricado al final con unas escenas ñoñas que se deslizan rozando peligrosamente el ridículo.
Recomendada para los que dejaron de jugar con el Spectrum.
