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Autor: sensillo
Fecha: 28/09/2005.
Torrente, el brazo tonto de la ley
Digerido por sensillo Por cinco mil gallifantes cada uno, díganme nombres de personajes cinematográficos españoles. Como por ejemplo: Torrente. Un, dos, tres, responda otra vez. Si consigue más de cinco mil gallifantes le doy mi enhorabuena: es usted un fiel seguidor de esas películas que desalojan con violencia de algunas de nuestras salas al invasor americano.
“Torrente”, la película, es en realidad “Torrente”, el personaje. Es una caricatura de gruesos trazos que se extiende a lo largo de hora y media, sazonada con un guión minúsculo y abundantes chistes prolijos en grosería y escatología. Tampoco es que sea poco el mérito. Si de lo que se trata es de afianzar la excepción cultural, esa pureza aria de nuestra producción artística, no se nos puede escapar el hecho de que desde siempre hemos aportado buenos caricaturistas y que éstos han tenido muy buena acogida. La última muestra: el Neng de Castefa.
Basta y políticamente incorrecta, parece querer seguir la estela de las primeras películas de Álex de la Iglesia. Algo parecido a trasladar a la gran pantalla el universo de papel de la revista “El jueves”. Pero “Torrente” no es una copia de nada. Santiago Segura tuvo la intuición suficiente como para saber sintetizar en un personaje algo que pertenecía de manera nebulosa a nuestro imaginario nacional. Ese ha sido su gran- y único- mérito de esta opera prima rodada, eso sí, con mejor factura de la que uno en principio se podría esperar.
Torrente, para quien no lo conozca, es un miserable desgraciado que fue expulsado del cuerpo de policía porque de la especie humana no lo podían expulsar. Desagradable, egoísta, cobarde, machista, vicioso, violento y muchas cosas malas más. Es además un perdedor que malvive en un cuchitril con su padre, a quien explota. Sin embargo, es el rey del mundo, porque es un español como hay que ser: con un par. Y el ídolo de su vecino, un chaval de muy pocas luces que sueña con ser como los tíos duros de las películas.
El humor de “Torrente” no es, desde luego, apto para quienes busquen inteligentes risas mientras sujetan una taza de te. Es un humor muy negro y sobre todo muy zafio, de camiseta de sisas y palmada en la mesa. De hecho, es muy recomendable dejar los escrúpulos apartados a un lado, o en alguna escena echarán por tierra el ambiente de comicidad. La sensación que se obtiene es que Santiago Segura no ha sabido o no ha querido medir el efecto que puedan causar sus imágenes en el espectador. Muchas escenas basan su comicidad en el maltrato sin piedad que sufren los personajes, por los que Santiago Segura no parece sentir ningún tipo de compasión. Pero visto sin cercanía, hay que reconocer que tiene algún momento mordaz bastante divertido.
Recomendada a todos los españoles. Con un par.

