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Autor: sensillo
Fecha: 2005-08-14.
Charlie y la fábrica de chocolate
Digerido por sensillo Hay que reconocerle a Tim Burton el mérito de ser capaz de hacer una y otra vez la misma película y que unas veces le salga bien y otras...pues no tanto. “Charlie y la fábrica de chocolate” tiene absolutamente todos los ingredientes que harían innecesaria la presencia de un notario que diera fe de la autoría de la película. No faltan ni Johnny Depp en el papel protagonista ni Danny Elfman haciendo arreglos sobre su partitura de “Eduardo Manostijeras”, como acostumbra a hacer para todas las películas de Tim Burton.
“Charlie y la fábrica de chocolate” es una decepcionante revisión del cuento de Roald Dahl en la que los niños malos reciben su merecido de una bastante expeditiva, cumpliendo así las secretas fantasías de cualquier educador en ejercicio. Burton derrocha toda su energía en la recreación de los coloristas decorados, pero pierde fuelle a la hora de darle emoción a la historia, y hace que otros de sus trabajos parezcan fruto de la casualidad.
Los niños malos consiguen que sus estereotipos resulten irritantes, como es la intención de la historia. Lástima que el personaje de Depp nos recuerde también con frecuencia lo que significa un dolor de muelas, y que el niño protagonista prácticamente desaparezca de escena desde el momento en que Willy Wonka hace su aparición.
Con unos personajes que difícilmente tocarán la fibra sensible, tan sólo nos queda la orgía visual, ciertas notas de humor un tanto macabro y los recurrentes números musicales de los Oompa-loompas, para los aficionados a los espectáculos con cierto punto bizarro. El conjunto, como ven, resulta tan vacío que no se consigue arreglar ni introduciendo a mayores una segunda trama familiar que no figuraba en el original, pero que nos permite ver una vez más a Christopher Lee en esta segunda juventud que le ha tocado vivir.
En definitiva, un filme falto de magia apto sólo para estetas golosos, que sean inmunes al empacho, y a los muy incondicionales de Tim Burton, que sepan perdonarle sus defectos incluso en sus películas más prescindibles. A ratos consigue entretener, pero en otros momentos llega a cansar, porque se muerda donde se muerda siempre se obtendrá el mismo y monótono sabor chocolateado.
Se queda en el envoltorio, el cual además tenemos más que visto, sin conseguir explotar un cuento que daba para mucho más.
Recomendada por uno de cada diez dentistas.
