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Autor: sensillo
Fecha: 07/06/2005.
El pacto de los lobos
Digerido por sensillo Casi coincidiendo con “Matrix” o “El mosquetero”, el director francés Christophe Gans ya se dedicaba a introducir de estraperlo ciertos detalles de inequívoco sabor a cine de acción oriental. Hoy en día ya no extraña ver peleas de artes marciales con cables ni en los videos del banquete de bodas, pero en su momento resultó bastante trasgresor presentar a un nativo americano repartiendo patadas aéreas y dando volteretas en la Francia del siglo XVIII.
Muy aficionado al manga, “El pacto de los lobos” tiene, sin embargo, apariencia de cómic francés de época, de esos de tapa dura y muy cuidadas ilustraciones que tanto éxito tienen en el país vecino. Y eso es lo que encontramos en la película: buena fotografía y cuidada ambientación para enmarcar una historia sobre, cómo no, una conspiración, e incluso tenemos voz en off remedando los bocadillos de texto explicativos. Y no hay nada más. Christophe Gans consigue hacer a contracorriente cine de liviano entretenimiento. El problema surge en los muchos momentos en que la diversión decae por culpa de un guión demasiado disperso, y que hacen más emocionante y apetecible mirarse los cordones de los zapatos.
Cuenta la historia de un naturalista pluriempleado y su mejor amigo, un nativo americano, que pretenden dar caza a una horrible bestia que siembra el terror en un pueblo ante la impotencia de los aldeanos. Mientras que no lo consiguen, suceden algunas cosas, no necesariamente muy conectadas a la historia, que pretenden alegrar la vista del espectador: peleas artísticamente coreografiadas, Monica Bellucci ligera de ropa, monstruos imposibles, Marc Dacascos en taparrabos...
El ritmo esta definitivamente administrado con torpeza, y la mayor parte de las veces resulta incluso totalmente recomendable ausentarse para ir al retrete o vigilar las empanadillas de la sartén. No sólo se estará dedicando el tiempo en actividades más provechosas, sino que a la vuelta no se habrán perdido ninguna clave necesaria para seguir la narración. A pesar de las pistas que se dejan caer a lo largo de la película, la resolución del misterio al final produce la impresión de haber presenciado un truco de prestidigitación en el que las cosas salen de una chistera. Y ello no es porque el guión resulte tramposo, sino porque está construido sobre unos cimientos diseñados para sostener la parte visual antes que dar solidez al argumento.
En definitiva, una película de aventuras equidistante, que entretiene y aburre a partes iguales.
Recomendada para criadores de tamagochis muy grandes.
