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Autor: sensillo
Fecha: 2004-12-07.
La búsqueda
Digerido por sensillo Ya tenemos otra “americanada” en cartelera, quitándole el pan y el sustento a quién sabe qué interesante película española o, por qué no, a una muy honrada coproducción turco-chipriota. Y en momentos así uno se pregunta qué seria del séptimo arte sin el cine americano.
Para intentar responder a esta pregunta, intenten imaginar lo que sería una parodia del cine europeo. Tarea difícil incluso aunque la abordaran los americanos con todo su buen hacer, y que demuestra quién ha aportado al cine la casi totalidad de sus señas de identidad. Como normalmente quien emplea el término “americanada” de manera despectiva ya está vacunado contra la razón y la realidad, no les voy a dedicar más comentarios al respecto. Que no se les ocurra ir a ver “La búsqueda”, que es muy americana y les puede sentar mal. Y tengamos la fiesta en paz.
A mí, sin embargo, me divirtió, lo cual últimamente no se puede decir que sea poco. Nadie saldrá del cine más listo, más guapo, mejor persona y con más pelo, pero al menos no le habrán dado gato con liebre. A veces, ni gato dan, así que entiendan mi alegría ante esta peliculilla que, no se confundan, gran cosa tampoco es.
“La búsqueda” se enmarca dentro del género del cine de aventuras, para el que hace falta más habilidad de la que en principio pueda parecer. Está hecha con bastante oficio, pero como tantas otras, no ha sabido crear unos personajes capaces de ser recordados cinco minutos después de salir del cine. O a lo mejor no es que no hayan sabido, sino que ni siquiera lo han intentado. Lo cual seguramente no les supondrá el menor impedimento para rodar una secuela, si es que se les antoja, pero impone al producto una vida de lo más efímera.
Hay persecuciones, explosiones, un tesoro, pocas e incruentas muertes, una casta tensión sexual no resuelta entre los protagonistas y , en general, todo lo que suponen en Hollywood que no debe faltar en un espectáculo familiar. ¿Tiene “La búsqueda” algún rasgo distintivo? Muy poca cosa. Juega con algunos eventos históricos, introduciéndolos en su ficción de una manera ligera e impregnándolos sin pudor de la atmósfera que necesitaba la película. Eso es algo que se lleva haciendo, y con mucho éxito, en la novela histórica, y por lo que se ve los cineastas americanos han entendido mejor la lección. Sorprende ver en esta ocasión a la masonería como una orden de caballería, en lugar de ser los hombres de negro del siglo XVIII, como nos tienen acostumbrados.
Poco importa que los protagonistas salten de pista en pista en base a unas deducciones tan poco verosímiles. El guión no da lugar a tiempos muertos en esta frenética gymkana en la que no dejan de aparecer obstáculos que sortear. La película acaba y no quedan ganas de más, pero tampoco de menos, vaya.
Recomendada a quienes aún buscan tesoros en el roscón de reyes.
