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Autor: malabesta
Fecha: 15/10/2004.
Super size me
Digerido por malabesta Adosado al renacer del documental, del que sin duda es culpable Michael Moore y sus creyentes, aparece "Super size me", la estúpida aventura fílmica de un hombre que durante un mes castiga su cuerpo con tres comidas diarias en McDonald's; así como en países más pintorescos se queman vivos, se cortan dedos o te apedrean para demostrar su descontento con ciertos aspectos de la sociedad, Morgan Spurlock lo hace diezmando la población de bovino.
Si bien esta hazaña no pasa de ser una "boutade" con más afán propagandístico que fondo social, del documental sí que se desprenden ciertas lecciones muy aprovechables, principalmente para el público americano. Así, aprendemos que las cafeterías escolares empiezan a estar dominadas por la comida rápida y los productos congelados ricos en calorías, que en gran número de McDonald's no hay información nutricional disponible y que ciertas opciones de menú en dicho restaurante se hacen merecedoras del adjetivo pantagruélico. Los culpables de todo esto son, como no, los miembros de un "lobby" que se de dedica a defender los intereses comerciales de ciertas compañías como McDonald's, Coca-Cola, Pepsi o Danone. Esto de los "lobbies" ya empieza a ser un tema recurrente, pues tanto Michael Moore como su grupo de colegas afines unidos por un interés común y que coordinan sus esfuerzos con el fin de alcanzarlo satura con su visión polarizada y demoníaca de los grupos de presión y similares.
Claro que en ningún momento se sugiere que la incipiente obesidad de los estadounidenses sea culpa de la comida rápida. Siempre queda bien claro que el ejercicio de la autoresponsabilidad libra de todo mal, y nunca se duda de la utilidad de la comida rápida. En palabras de una médico entrevistada, "pagas por lo que te llevas", el ya universalizado "what you see is what you get".
Puestos a comparar con Michael Moore, la verdad es que "Super size me" sale con la cabeza bien alta. A su favor tiene la ausencia de sectarismo propia del gordo de Michigan, un uso mucho más imaginativo de los recursos del medio y un ensañamiento menor con el "enemigo", que junto quizá con un espíritu mesiánico bastante más moderado, dan un tono mucho más ligero y agradable al resultado. También tiene algún que otro momento gracioso, no se crean. En su contra tiene dos grandes defectos: por un lado sus casi cien minutos de metraje se hacen excesivos para una idea que bien podría haberse resumido en cuarenta, y por otro el protagonista no para de hablar con la boca llena, hasta el punto de que ni un solo primer plano frontal de él ha quedado debido a la ingente cantidad de dinero que se gastaban en pañuelos limpia-lentes.
En fin, un documental que ni mata ni engorda, por mucho que insista su protagonista. Recomendado para amantes de la tortilla deconstruída y para todos aquellos que aún no se hayan dado cuenta de lo increíblemente desagradable que es comer con la boca abierta. Palabra.
