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Autor: malabesta
Fecha: 17/10/2003.
El mexicano
Digerido por malabesta Abstenerse estirados y gente hipersensible. El mexicano es una película que casi mancha. Supongo que cualquiera que haya visto alguna de las dos partes no se sorprenderá mucho, pero el novato a lo mejor tiene algo de asco. Disparos, puñaladas, explosiones, mutilaciones, operaciones, cadáveres, Enrique Iglesias cantando... En fin, hay que verla con cierto aplomo, o con una bolsa de papel.
Aunque quede mal decirlo, es una película divertida. Hay mucha violencia, sí. Pero es tan extrema, que no se puede tomar en serio. De hecho, el propio Rodríguez se regodea en ella, de manera que el más miserable de los extras de la película, aunque no tenga ni frase y aparezca de lado, tiene una muerte espectacular. Sólo hace falta mencionar un par de escenas. La típica en la que los policias hacen una barricada con sus coches para detener al sospechoso a la fuga. Siempre, y cuando digo siempre quiero decir siempre, los policias se echan en sincronización perfecta a los lados, mientras el coche fugado se estrella con la barricada, con diferentes resultados según la película. En ésta no; uno de los policias amaga para echarse a un lado, pero se lo piensa mejor y retrocede para echarse a otro. Por supuesto, es atropellado. También hay que ver la guitarra lanzallamas, o el guitarrón explosivo teledirigido. En fin, un montón de cachivaches que podrían haber sido diseñados por los ingenieros de ACME.
Aparece además todo un desfile de actores, incluyendo al pergaminoso Mickey Rourke, a Banderas con cara Tristón sólo busca un amiguito, Johnny Depp y Willem Dafoe... y sobre todo, todos ellos con un moreno al borde del melanoma. La historia es bastante compleja, mezclando episodios de la vida del mariachi, que al más puro estilo Leone no tiene nombre, con una trama política, sazonada con los carteles de la droga. Aunque no es demasiado compleja, y en algunos momentos es un poco difusa, es lo que necesita la película para que no se haga aburrida entre tiroteos.
Mención especial merece la aparición de Enrique Iglesias (peinado de escolapio incluído) como co-mariachi, y por supuesto, nadie puede evitar que cante de vez en cuando; no se sabe si es que el chico no es malo o es cosa del ambiente autoparódico y desfasado de la película, pero está más que aceptable. A lo mejor es porque está por allí Danny Tejo, que es capaz de asustar hasta al hombre del saco.
En fin, que la película es una especie de spagetti-jalapeños-western, recomendada para amantes de las chaquetillas ceñidas y los morenos bigotudos, y zapatistas en general.
